Los misioneros! xD
Un misionero es un cristiano que desea salir de su lugar de residencia con el fin de ayudar al prójimo y evangelizar a la gente de otros sitios. Normalmente eran monjes encargados de adentrarse en territorios fuera del control de su religión y fundar asentamientos denominados misiones. Hoy en día se trata tanto de religiosos como de laicos, que realizan una verdadera labor de ayuda social hacia los más pobres.
Ejemplo:
Un día en clase de religión vino un misionero a contarnos su vida y porque se dedicó a ayudar a los demás.
Él es un hombre de una isla llamada Cabo Verde (que esta cerca de África ) , tiene 12 hermanos, era pobre , se les murieron dos hermanas muy pequeñas y siguio luchando.Ahora él es misionero por su familia por que quiere ayudar a la gente que lo necesita para que no pasen como su vida, él estudio normal en una escuela móvil ( se desplazaban mutuamente de sitios ) , los niños de esa isla compraban libretas muy pequeñas , que se ponían a escribir por todos los lados de la libreta ( por el margen ...) , él estaba muy feliz más que nosotros que tenemos una vida económica, porque ayuda a los demás, tiene ahora mismo su familia sana...) Es decir sabe apreciar las cosas pequeñas más que nosotros y el proximo proyecto que tiene es viajar a Brazil para seguir ayundando a los necesitados. :)

La paz y no la guerra!
La paz
La mente humana se ve incesantemente agitada por la fuerza de los deseos. A más deseos, más desasosiego, más insatisfacción y menos paz. A menos deseos, mayor quietud mental.
El hombre vive un momento en el que aún cree que satisfaciendo sus deseos se acerca a la felicidad, cuando la verdad es que cada deseo satisfecho genera emociones nuevas que mantienen la mente en un estado de efervescencia permanente y confieren, en la química social, un grado de inflamabilidad peligroso.
Ahora que truenan graves amenazas sobre la estabilidad de los pueblos, estos recuerdan a santa Bárbara y surge el anhelo colectivo por la paz, a través de la guerra.
Son pocos, sin embargo, los que van más allá del voluntarismo y comprenden que la paz hay que conquistarla primero en uno mismo. La paz social está aún muy lejana y sólo se producirá cuando el corazón de los hombres se sosiegue en el equilibrio de sus pasiones.
La paz es algo más que ausencia de guerra. Es una experiencia individual en la que la conciencia se sitúa en el centro de si misma tras trascender las tempestades de la mente. Es el ojo del huracán.
No es suficiente gritar en las calles ni llevar pegatinas para detener la ley inexorable del karma, o la relación causa-efecto. Todo buen pacifista debe comprender claramente que la causa última que arrastra a los hombres al conflicto, al enfrentamiento y, finalmente, a la guerra es el egoísmo y sus secuelas, la intolerancia, el orgullo y la ambición.
La paz social, hoy, es una utopía. No lo es, sin embargo, la paz individual, como no lo ha sido nunca. A lo largo del proceso de evolución de la humanidad ha habido hombres y mujeres que han logrado situar su conciencia en ese ojo del huracán de las pasiones humanas. En nuestra cultura se les conoce como santos, vocablo derivado, en última instancia, del sánscrito Shanti, que quiere decir paz. Fueron hombres que lograron la paz y a quienes las bárbaras acciones de sus contemporáneos no lograron encender.
En nuestros días, la dinámica de los acontecimientos ha desbordado todo control y nos arrastra vertiginosamente. El ominoso fragor de la cascada retumba cada vez más cercano.
Es, pues, el momento de que los amantes de la paz miren hacia adentro y descubran que esta vive en sus corazones y no en las calles.
No debe ser el terror a los horrores de la guerra la fuerza que mueva el ánimo de los pacifistas, sino la constatación y el deseo de compartir una experiencia interior que ellos ya poseen.
Este camino que lleva al ojo del huracán implica el control de la mente y los sentidos y no se puede improvisar. Requiere tiempo y un método. Por eso, a quien de veras le interesa la paz, le ha de interesar igualmente su Yo interior.
La excitación de los sentidos estimula la actividad mental, interrumpe la armonía interior y crea una situación incontrolada. Cuando la mente vibra a alta frecuencia, la fuerza de cualquier deseo se multiplica y se manifiesta de modo violento. En otras palabras, se torna una agresión que, a su vez, estimula los mecanismos de autodefensa de otros individuos, produciéndose en conflicto y la fricción.
Por medio de una fuerte disuasión externa, este proceso puede reprimirse temporalmente, pero nunca evitarse. Puede no haber violencia física, pero las tremendas vibraciones de la violencia interna contenida, son suficientes para emponzoñar la atmósfera y alejar cualquier posibilidad de paz. No serán los policías ni los soldados quienes garanticen definitivamente la paz del mundo, sino que ésta será alcanzada por el hombre a través de la autodisciplina y la meditación; porque la auténtica paz es armonía interior, un estado natural de felicidad.
Del mismo modo que el resplandor de la luna es un reflejo de la luz del sol, la paz externa es solamente un reflejo de la paz interna. Para que un árbol crezca es preciso alimentar su raíz. No tiene objeto mojar, una a una, todas sus hojas. Del mismo modo, si queremos extender la paz en el mundo de nada servirá crear un orden artificial externo, sino que se impone establecerla primero en las mismas raíces del individuo. No hay que olvidar que la semilla que hoy sembraremos, será el fruto que mañana recojamos.
Cuando los hombres seamos capaces de poner orden en nuestro interior, habrá automáticamente orden en la sociedad. La paz hay que conquistarla dentro, no fuera. Los verdaderos enemigos de la paz son las pasiones, la cólera, la avaricia, la ambición, los deseos y los celos que empujan constantemente al hombre a acciones violentas, cegándole a toda razón.
Quien disciplina sus sentimientos y los acalla a través de la meditación en el silencio, encuentra automáticamente la paz. Lejos de todo deseo egoísta, la paz reside en lo más profundo del corazón. Para sentirla basta detenerse un momento, cerrar los ojos, relajar el cuerpo, dejar que la respiración se produzca de un modo fácil, suave, rítmico y hacer que la mente busque, sin esfuerzo, el silencio interior para que instantáneamente se produzca un estado de serenidad y de calma, de alegría y de paz.
Progresivamente, la conciencia se ensancha, desborda límites del cuerpo y se extiende por todo hasta hacerse infinita. Entonces desaparece la sensación de que uno es su cuerpo; el tiempo y el espacio se desvanecen y todo cuanto existe es la existencia misma, la paz más absoluta.
Por supuesto que hay que trabajar y contribuir al desarrollo de la sociedad. La diferencia está en hacerlo con una mente en calma o con el desasosiego y la inquietud de quien acumula tensiones y agresividad. Meditar cada día es hacer un esfuerzo más positivo por la paz del mundo que intercambiar superficiales formalismos o pronunciar nerviosos discursos de oculta intención egoísta. ¿Cómo puede alguien dar lo que no tiene? Así como una mente violenta irradia vibraciones de violencia que afectan negativamente a cuantos viven a su alrededor, la mente de un hombre que se zambulle diariamente en el océano de su paz interna, transmite vibraciones de armonía que elevan e inspiran a cuantos entran en contacto con él. No necesita hablar mucho para que todos se sientan penetrados por su paz.
La paz es un atributo divino. Es una cualidad del alma. No puede permanecer en las personas avariciosas. Llena el corazón puro, abandona a la personal pasional y huye de la gente egoísta. Es el ornamento de la persona sabia.
La paz es un estado de quietud. Consiste en estar libre de la perturbación, la ansiedad, la agitación, el descontrol, o la violencia. Es armonía, silencio, calma, reposo, descanso. Específicamente, significa la ausencia o el cese de la guerra.
La paz es el estado natural y feliz del hombre. Es su derecho de nacimiento. La guerra es su desgracia.
Todo el mundo desea la paz y la reclama. Pero ésta no llega fácilmente. E incluso, cuando lo hace, no dura mucho tiempo.

No a la Guerra
Aristóteles afirmó que la guerra sólo sería un medio en vista de la paz, como lo es el trabajo en vista del ocio y la acción en vista del pensamiento.
La guerra dice el Marqués de Olivart, es el litigio entre las naciones que defienden sus derechos, en el cual es el juez la fuerza y sirve de sentencia la victoria. Hugo Grocio la definió como status per vincertatium qua tales sunt. Por su parte, Alberico Gentilis afirmo que Bellum est armorum publicorum ensta contentio.5 Funk - Bretano y Alberto Sorel escribieron: "La guerra es un acto político por el cual varios Estados, no pudiendo conciliar lo que creen son sus deberes, sus derechos o sus intereses, recurren a la fuerza armada para que esta decida cuál de entre ellos, siendo más fuerte, podra en razón de la fuerza, imponer su voluntad a los demás.
Joseph de Maistre (1821) dijo, en sus Soirees de Saint Petesburg: "La guerra es divina en la gloria misteriosa que le rodea y en el atractivo no menos explicable que nos lleva hacia ella. La guerra es divina por la manera como se produce independientemente de la voluntad de los que luchan. La guerra es divina en sus resultados que escapan absolutamente a la razón.
G.W.F Hegel, escribió: "la guerra es bella, buena, santa y fecunda; crea la moralidad de los pueblos y es indispensable para el mantenimiento de su salud moral. Es en la guerra donde el Estado se acerca más a su ideal porque es entonces cuando la vida y los bienes de los ciudadanos están más estrechamente subordinados a la conservación de la entidad común
El instituto de investigación de la paz internacional de Suecia, define la guerra como todo aquel conflicto armado que cumple dos requisitos: enfrentar al menos una fuerza militar, ya sea contra otro u otros ejércitos o contra una fuerza insurgente y haber muerto mil o más personas.
